Foto del generalísimo tamaño "obra de arte" en la feria de Arco, por obra y gracia de su autor y del móvil con cámara de Tangie a quien se la robo sin permiso, esperando un aplauso por parte de la SGAE y posterior denuncia por parte de la susodicha y maravillosa fotógrafa.
Aparte de servir como broma pesada ante la Ley de Memoria Histórica, la feria de ARCO 2012 debe estar siendo todo un éxito, teniendo en cuenta el déficit de atención que suelen tener los organizadores de eventos de esta calaña.
Mucho se está hablando en los medios y, sobre todo en las redes sociales (el bar de nuestra época, aunque sin copa ni tapa, un pésimo sustituto), sobre las diferentes "polémicas" que siempre suelen acompañar a esta feria, sin las cuales parecería que no tendría razón de ser.
Primero tuvimos la previsible maniobra promocional del creador de la estatua del ex-dictador, despertando incluso las iras de la, sorprendentemente constitucional (disculpen el sarcasmo), Fundación Francisco Franco, llegando a amenazar con llamar por teléfono al autor de la obra y preguntarle: “¿Qué te parece si hago una escultura de tu padre y la meto en vez de en un frigorífico, dentro de un preservativo?”y que, para ejercer aún más daño psicológico si cabe, demandará al artista por "ofender a la familia", y no por hacer apología del Franquismo, que sería lo más fácil con La Ley de Memoria Histórica en la mano, o por repetirse en la estrategia publicitaria de polémica facilona. Quizás llame mucho más la atención por la casi coincidencia temporal con la sentencia al Juez Garzón y a su investigación de los crímenes franquistas, aunque siempre es de agradecer que artistas consagrados nos ofrezcan estas sutiles distracciones ante los conflictivos momentos en que vivimos.
Como continuación de este festival del hum... del arte iconoclasta, y de sus efectos impredecibles sobre la población, nos sobrecogía la triste noticia del despido de Mario Vaquerizo como tertuliana de la radio favorita de los españoles modernos y de buena cuna, la COPE. Una rescisión de contrato de colaboración (sea eso legal o no) que no solo ataca al derecho de Vaquerizo a reirse del Santo Padre como le venga en gana, sino que además pone "muy triste" a a conductora del programa donde Mario colaboraba, Cristina López Schlichting. Lejos de quedar contentos, entre los cristianos más dolidos con las polémicas fotografías (discupen por el manido epíteto) esta misma mañana, un grupo identificado como de "extrema derecha" por la policía nacional, ha intentado incendiar la galería de arte donde se expone, entre otras, la fotografía de Mario Vaquerizo emulando a Jesucristo. De nuevo, los cachorros de la derecha más radical sacando a pasear al crítico de arte que llevan dentro.
Y como punto y seguido (no sabemos cómo acabará esto) a esta disparatada semana cultural, desde hace poco veníamos observando cierta demostración intencionada, por parte de el diario El País, de un trato cariñoso hacia algunos artistas autodenominados callejeros, del que queremos destacar a NEKO, alguien a quien ya dimos cabida en nuestro blog de tendencias, y que después de afirmar en El País que mostrar su rostro va en contra del concepto de su arte,
para después mostrarlo en un especial de El País Semanal (adjuntamos foto sesi del susodicho)...
...esta misma tarde ha protagonizado una "acción de arte callejero" en el interior de la feria de ARCO, sobre el logo de El País, casualmente registrado por un cámara y un plumilla del mismo periódico. Para dejar clara la postura aperturista del diario hacia esta forma de expresión artística, El País también ha organizado un foro de debate sobre el arte callejero (muy diferenciado del vandalismo, ojo) en la sede de Caixa Fórum, del que buena cuenta estarán dando o darán en este medio.
¿Acaso esta demostración de apoyo y promoción de El País a este tipo de expresión artística no parece un intento a la desesperada de atraer hacia si a una juventud desencantada y alejada de los viejos centros de poder mediáticos? ¿Estamos asistiendo a una renovada y actualizada Cultura de la Transición, esta vez con el 15M como objetivo a absorver y redirigir hacia sendas menos peligrosas para el sistema?¿Es NEKO el Almodóvar de nuestra generación?¿Es la cultura el verdadero punto débil del poder? Con la extrema derecha en el mismo lugar que hace 30 años, atacando a los enemigos de la cristiandad y del Caudillo, ¿Podemos dejar ya de hablar de la vieja transición y comenzar a discutir sobre una verdadera Transición Democrática?
Por lo menos sería interesante responder a todas estas preguntas antes de que algún historiador lo haga por nosotrxs y nos deje en bragas, mirando cómo una nueva movida nos lleva por delante a base de portadas en prensa y aperturas en los informativos, sin darnos siquiera un trozo del pastel, eso sería lo peor.
17 de febrero de 2012
Festejos de la Semana Cultural
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22 de enero de 2011
Crónica de un fracaso
Si hay algo más humillante que quedar con un personaje para entrevistarle y llegar borracha es quedar con un personaje para entrevistarle, llegar borracha, echar la pota en un parterre de Lavapiés, hacerlo ante los ojos testigos de un compañero de curro y no acordarse de nada al día siguiente. Todo eso podría haber ocurrido ayer, aunque, como ya sabréis los fans del mejillón, lo que aquí se cuenta es pura inventiva de estas mentes burguesas degeneradas.
Pues eso. Pongamos que ayer tenía que entrevistar a un Trueba, que el Trueba en cuestión había sido encantador conmigo y había quedado un día después de llamarle gracias, en parte, a una mediación amiga, que yo estaba contenta porque iba a ser una entrevista en la que podía estar relajada y charlar tranquilamente sin este miedo a algunos personajes que van de listos y te pueden poner cara de qué coño me estás preguntando… Así de contenta se planteaba ayer mi tarde cuando se cruzó en mi camino A.
Lo que parecía una inocente comida de amigas –así me lo hizo ver la artífice de mi desgracia- acabó en un jolgorio de pacharanes que parecían inofensivos e inocentes y no lo eran. El primero de ellos fue ingerido a las 16:00 horas. Con la prudencia y profesionalidad que me caracterizan y consciente de mi baja tolerancia a la endrina, advertí a mi amiga: “Como son las cuatro, me da tiempo a que se me baje para la entrevista”. Sin embargo, después de uno vino otro, se hizo de noche en una terraza en un día en que las temperaturas bajaban y bajaban y, pobre de mí, muerta de frío seguí pidiendo pacharanes, de dos en dos, ante la mirada impávida de mi amiga. Nos dieron las cinco, la seis, la siete. Creo recordar que suplicamos al camarero que nos invitase a la última, y es posible que accediera. Había que irse. En el camino a Lavapiés yo pedía pilas para mi grabadora. Parece ser que las compramos (ya que hay un paquete en mi bolso), y parece ser que llegamos a la cita porque recuerdo un fotógrafo interrumpiendo la entrevista, un chico que respondía a preguntas –que no hacía yo, que me había hecho invisible acurrucada en un taburete-. Luego, nada.
Todo indica que tras terminar la entrevista nos dirigimos a la Tabacalera. En la puerta de entrada, varias fotos registradas en mi cámara con diversos mozos atestiguan que mi belleza natural se impuso a mi aliento de recién vomitada. Luego logramos encontrar a mi medio mejillón en el Molino Rojo y juntas todas emprendimos el camino a casa de nuestra amiga T, no sin antes observar cómo A. ponía a prueba su resistencia al fuego.
De camino a casa de T. nos encontramos con el perro de Antonio Xoubanova, que había ido al Opencor. En casa de T. pedí comida, me la dieron. Pedí agua, y más agua, y me la dieron. Tuve el honor de conocer a La Típica Mamarracha y de quitarle la manta a J., que pronto caería dormido en el sofá. Luego, mientras A. nos torturaba cantando canciones de Los Suaves fui recuperando la consciencia y dándome cuenta de la gravedad del asunto. Mi profesionalidad se había diluido en unos cuantos pacharanes. Mi ascendente carrera había quedado comprometida en unas horas de desenfreno.
Me hice la dormida y conseguí librarme de mis amigas refugiándome entres los muelles certeros de un sofá cama. Todo parecía ir bien hasta que… Una inquilina del piso apareció con un maromo. Luces, música. Al otro lado de la puerta, los recién llegados cantaban y hablaban de rayas mientras el Mejillón, horrorizado, tramaba la huida. De repente, la música dejó de sonar y fe sustituida por jadeos. Fue en ese momento cuando, a toda prisa, plegamos el sofá cama. De repente, cuando casi habíamos conseguido recoger todas nuestras cosas, una llamada de móvil interrumpe los jadeos. Paralizados en el salón de la casa, esperamos a que acabe la conversación -“no estamos haciendo nada, solo estamos hablando”, se oye, antes de continuar los jadeos- para salir corriendo.
Un café y una napolitana en Atocha nos devuelven a la realidad. Una realidad de horror y espanto, y con muchas incógnitas: ¿por qué A. quiere hundir mi carrera? ¿Cuántas horas se puede aguantar en un sofá cama sin que los muelles de atraviesen las costillas? ¿Qué se esconde detrás de La Típica Mamarracha? ¿Dónde durmió J.? ¿Por qué sólo ella jadeaba? Y, lo más importante, ¿cómo escribo yo ahora mi contraportada?
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3 de julio de 2010
Crónica social
El Mejillón en Mister Gay: un viaje al infierno
Anoche los mejillones, mudados a la periferia madrileña y desde su nueva vida de mercadona y piscina, acudimos a la capital para asistir al certamen de Mister Gay. La cosa empezó mal. ¿Un photocall? Pronto nos explicaríamos por qué.
Después de ser autorizados por el mismísimo Señor Patatas (un tío tatuado nos instó a decir la siguiente frase a un portero de dos metros: “nos ha dado autorización Javier Patatas”). Funcionó. Era un pase directo al infierno.En primera fila, compartiendo unos pocos metros cuadrados con un ejército de pluma, el mejillón se apostó con su cámara y la mejillona con un cuadernito. No sabíamos lo que nos esperaba hasta que por nuestras narices pasó una tía con tetas sobresalientes (salían del vestido, digo) y un montón de pelo. Un grupo de fans gritaba “Natalia”. Un cuarentón (supongo que gay, ya que llevaba esperando desde las siete para ver el certamen) y yo misma miramos con asombro a este ser, al parecer, humano. “Es de OT”, aclaró un grupo de jóvenes con chapas en las que podía leerse “Natalia”.
Al poco, Carmen Lomana rozó mi espalda desnuda y entonces empecé a intuir lo que nos esperaba. Un tal Ricardo Jordán junto a una preñada carmen Alcayde decían presentar lo que en realidad era un castigo de Dios a nuestras sensibles vulvas.A partir de entonces, la noche se confunde. No recuerdo el orden de las cosas horribles que vi en la plaza de Callao. Un hombre vestido de cuero coreando a una tal Anabel Conde, que aseguró haber hecho “algo muy grande por todos vosotros” (quedar segunda en Eurovisión: ¡¡¡¡GRACIAS ANABEL!!!!). La resurrección de Ella Baila Sola, paseando como zombis melosos por el escenario hasta que la mujer preñada tuvo agallas para echarlas. Un tío de Fama aporreando su cuerpo contra las tablas del escenario.
En medio de ese infierno, sólo unas palabras me devolvían de vez en cuando a la realidad: El Corte Inglés, El Corte Inglés. Llegué e repetir estas palabras como una oración para no caer presa de las llamas del infierno, pero la tal Natalia salió a escena y de nuevo temí por mi vida. ¿Me lanzaría una de sus durísimas tetas? Le saldría disparado un rayo de ese coño que me apuntaba? ¿Serían venenosas las plumas de su vestido? ¿Moriría yo asfixiada por su pelo? ¡AY!
Ya olvidaba qué hacíamos en Callao cuando alguien habló de luchar por no sé qué derechos y empezaron a desfilar hombres en bañador. Vi al mejillón tocar el tobillo aceitoso de uno de ellos y de repente me di cuenta. Israel Acevedo, coronado Míster Gay y, al fondo, el edificio de El Corte Inglés me dieron una hostia de realidad. Estábamos en el multipromocionado certamen de Mister Gay y yo quería comprar calzoncillos Calvin Klein, fundir mi tarjeta en un spa, llevar ropa deportiva traslúcida y untarme de aceite.
Cual fantasmas salimos de allí. Volví a ver al hombre tatuado que nos dio la clave de entrada al infierno (“me autoriza el señor patatas”). Esta mañana creo haber deambulado por los pasillos del mercadona y oído los gritos de algunos niños en la piscina. ¿Es esto real? ¿O consumó Natalia su plan diabólico para liquidarnos?
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