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6 de marzo de 2011

Instalación para nevera


Hace casi un año que la mitad del Mejillón Suicida se viene haciendo cargo, dentro de la obra social del Mejillón, de la secretaría de la asociación cultural Espacio Menosuno. Una entidad sin ánimo de lucro que desde hace séis años viene llenando malasaña de exposiciones, eventos, talleres, y todo cuanto lxs artistas expelen por sus poros. Por supuesto, desde el Meji nos sentimos orgullosas de colaborar con cualquier persona, animal o cosa que tenga que ver con el arte.

Pero lo que os vengo a contar supera cualquier expectativa. Amigas del meji, cuando creíamos que lo habíamos visto todo en el mundo del arte, ha tenido que ser en menosuno donde hemos dado con la obra artística definitiva, una fabulosa instalación de arte efímero para nevera:


Analizando en profundidad la pieza, podemos observar lo profundo y elaborado del discurso, así como la variedad y riqueza del trazo empleado en su elaboración, cuya autoría anónima y colectiva, no podía estar más en conexión con los movimientos asociativos del momento, y en la filosofía de menosuno en particular.

Obsérvese con detalle las formas sinuosas de los restos de zumo de naranja putrefacto, al asociarse éste con el plástico de una botella de agua tumbada para tal efecto. También aparecía una perfecta degradación hasta terminar en una línea de especial intensidad en cuanto al color, fabulosamente complementada con un fuerte olor casi indescriptible, fruto de la maduración conceptual de la idea motriz de la obra.


Por supuesto, el punto fuerte de esta pieza es su final, pues ejerce una atracción irrefrenable a cualquier persona con algún sentido sentido de la higiene. Es quizás el mayor valor de esta pieza, su potencial, su forma de obligarnos a interactuar con ella, además poniendo todas las dificultades a su alcance, como dureza de la mancha, viscosidad (el estropajo se quedaba pegado, palabra) así como la experiencia completa y diversa de los olores producidos en su limpieza, pasando del moho más intenso, al desengrasante aún más intenso todavía, provocando ambos al ser inhalados un estado mental muy característico de esta pieza, que seguro permanecerá en nuestro subconsciente.


Ni qué decir tiene, esta obra solo ha podido ser el resultado de un estudio elaborado y a largo plazo, que ya se viene poniendo en práctica en el entorno a modo de campo de pruebas, como se observa en la anterior imagen.

Es de agradecer que desde el arte contemporáneo más vanguardista e innovador, a la par que alternativo, se nos invite a disfrutar de obras como esta. El efecto sorpresa se suma a la magnitud del sentimiento provocado en el espectador, convertido además en actor integrante de la pieza. Mis más sinceros agradecimientos a Espacio Menosuno y a su equipo, del que me siento orgulloso de formar parte.

7 de enero de 2009

Palestina y el estropajo

Según un científico estudio (nótese por favor el epíteto) del que se hacía eco el programa Redes, niños de 18 meses puestos frente a coches y cocinitas eligen uno y otra según la naturaleza innata que les indica su género. Decía Redes que decía este estudio que, puesto que a tan corta edad estos niños que prefieren los cochecitos y niñas que eligen jugar a las cocinitas no podían haber tenido aprendizaje suficiente para que hubiera en su elección una marca social, se deduce científica y objetivamente que el órgano sexual hace a uno o una proclive a conducir o a fregar.

Es decir, puestos naturalmente un hombre y una mujer adultos que se hubieran pasado su vida aislados de la sociedad y conservaran por tanto sus instintos innatos ante un Ferrari y ante un cubo y un estropajo, respectivamente, el primero se agarraría con toda naturalidad a la palanca de cambios y la segunda se arrodillaría instintivamente ante los aperos de limpieza.

Resulta entonces que tanta matraca con el reparto de las tareas es antinatura. Es más, va en contra de las propias mujeres, a quienes se fuerza con eso de la cuota a estar en las instituciones y en las empresas, cuando su naturaleza les había reservado la maternidad, el cuidado de los otros, la limpieza y la cocina. Resulta, se puede decir, que la sumisión y la obediencia que a algunos y algunas nos cabrea la organiza la propia naturaleza. Es fácil así exculpar a los humanos. No somos nosotros los que creamos miedos y diferencias, es Ella, la Naturaleza, quien ha diseñado a la especie para que haya quienes sirvan y quienes sean servidos, quienes decidan y quienes acaten las decisiones.

Me pregunto si estos científicos podrían hacer un estudio con niños de Israel y Palestina. Me pregunto si esperan que los primeros, por naturaleza, muerdan con sus boquitas sin dientes a los segundos, les pisoteen y les quiten la comida. Los palestinos, dirá este estudio, elegirían arrodillarse de forma innata, elegirían ceder su espacio y sus alimentos a los otros.

Resulta, concluirían los científicos, que tanto clamor por la justicia iría también contra la propia naturaleza. Ya adultos, esos hipotéticos humanos y científicamente aislados de las perversidades de la sociedad elegirían pisar o ser pisoteados (ellos, los hombres naturales), a la vez que servidos, limpiados, cocinados y cuidados por las naturales mujeres de unos y otros (nótese la indicación de pertenencia). Es la sociedad perversa la que incita a la Resistencia. La injusticia es científicamente innata al ser humano. Pues vaya científica noticia.